¿Os acordáis del invento del plato pegado al mantel con el velcro para que la niña no lo tirara?
Bueno, ya no nos sirve: nuestra pequeña ha aprendido a despegarlo y además le encanta el ruido que hace. ¿El resultado? Las comidas se habían convertido en una lucha entre los intentos de la niña de desmontar la mesa y nuestros esfuerzos para contenerla.
Hace unos días que hemos decidido utilizar el mismo plato de loza en el que comemos nosotros y, la verdad, no nos va mal: pesa bastante más de uno de plástico, por lo que tenemos tiempo de reaccionar, y además para la niña ya no es tan divertido como antes... ¡vuelve a reinar la paz!



